28 de marzo: Nace Mario Vargas Llosa

Historia:

A Mario Vargas Llosa se le quiere o se le odia. Podemos estar de acuerdo con sus ideas o condenarlo por la exacerbada defensa que hace de éstas. Nos maravillamos con sus novelas o caemos presas del desconcierto y la extrañeza. Sin embargo, sería mezquino poner en duda que este arequipeño nacido el 28 de marzo de 1936 es, en la actualidad, el escritor peruano más importante en actividad.

“He escrito sobre determinados temas porque me han ocurrido ciertas cosas”. En este mismo momento podríamos poner punto final al presente artículo ya que toda la explicación sobre la obra de Mario Vargas Llosa queda clara con esta declaración que dio el autor durante la celebración de los 40 años de la publicación de La ciudad y los perros, su primera y celebrada novela.

Por supuesto, para quien ha sido y es devoto lector de sus novelas, obras de teatro, ensayos y memorias, esta frase lo encierra todo. Sin embargo, a pesar de su condición de escritor universal, conocido y hasta mediático, la obra de Vargas Llosa puede resultar enrevesada y extraña para quien decide aventurarse por primera vez en los vericuetos literarios de este excepcional autor.
EN EL LABERINTO DE LA NARRACIÓN
Mario Vargas Llosa formó parte del grupo de escritores latinoamericanos que se atrevió a dar un puñetazo al mundo durante la década de los sesenta. Parte de este boom fueron también Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, José Donoso, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Manuel Puig y Augusto Roa Boastos.

De alguna manera, este momento fue reivindicativo: ahora era América la que conquistaba el mundo con sus realidades disímiles y únicas, con el sabor regional que cada país impregnaba a sus obras. El aprovechamiento del castellano durante el boom fue de tal magnitud que hacía pensar en la elasticidad infinita del idioma, capaz de configurar narrativamente una multitud de universos paralelos con sus propias leyes y lógicas.

Fue entonces cuando se inventó la etiqueta de realismo mágico para entender esta fusión entre lo real y lo maravilloso. Pero en el caso de Vargas Llosa la ruptura no fue únicamente temática, sino que se extendió a lo formal, a la forma de escribir y narrar. Es cierto que esta característica la compartió con otros colegas de letras, pero el escritor peruano llevó el proceso de escritura a límites insospechados hasta ese entonces.

La narrativa de Vargas Llosa es fragmentada y multitemporal. En un momento, el texto nos conduce por escenarios reconocibles y nos permite escuchar e indagar las conversaciones de los personajes, pero de repente cambia de inmediato, a tal punto que en el mismo párrafo asistimos a puestas en escena distintas, a diálogos distintos de personajes distintos.

Sin embargo, este aparente caos tiene un orden quirúrgico. Como en una orquesta, donde sutilmente se hilvanan los instrumentos de cuerda, viento y percusión para entretejer melodías cautivantes, en las obras de Vargas Llosa las voces se alternan, se entremezclan e inclusive se invaden para configurar el clímax final, en un crescendo sin descanso que nos deja sin aliento.

Por eso la lectura de sus obras puede resultar una experiencia difícil ya que demanda la atención constante del lector y lo invita a sumergirse en un mundo en el que no necesariamente se sentirá cómodo. Nos convierte en mudos testigos de historias paralelas y de personajes que se expresan en forma diferente, en contextos que no están exentos de una fuerte carga de sexualidad y violencia (al momento del lanzamiento de La fiesta del chivo, la editora de Alfaguara en el Perú confesó ante un grupo de periodistas culturales que le fue imposible leer algunas páginas de la novela debido a la crudeza con que los hechos se relataban).

De pronto un nuevo universo se abre ante nuestros ojos y no sabemos dónde depositar la mirada. Es el escritor en su rol de creador, de amo y señor todopoderoso que nos brinda una historia que poco a poco se desenreda en múltiples voces. Así es la obra de Vargas Llosa.

En sus últimas novelas, el escritor ha optado por alternar los escenarios por capítulos, de tal modo que cuenta varias historias paralelas en forma ordenada para unirlas al final en una sola. Con ello, de alguna manera, ha suavizado el carácter experimental de su período intermedio.
FINGIENDO LA REALIDAD
La realidad y la ficción se entremezclan y confunden sus límites en la obra de Mario Vargas Llosa. Sus primeras obras tienen un tinte más autobiográfico y narran su paso por el colegio militar Leoncio Prado (La ciudad y los perros), su vida en la ciudad de Piura (La casa verde), sus primeros pinitos en el periodismo (Conversación en La Catedral) o su primer matrimonio (La tía Julia y el escribidor). Las últimas, más bien, indagan hechos históricos que son contados a través del lente de la literatura: la rebelión de Canudos en Brasil (La guerra del fin del mundo), la ideología de Sendero Luminoso (Historia de Mayta), la vida de Flora Tristán (El paraíso en la otra esquina) o la historia del dictador dominicano Rafael Trujillo (La fiesta del chivo).

El mismo Vargas Llosa ha manifestado lo siguiente: “Soy un escritor realista. Me gusta fingir la realidad, así como a los escritores fantásticos les gusta fingir la pura fantasía, lo puramente imaginario. Yo tengo esa tendencia natural a escribir historias que simulan ser la realidad”.

Esto no significa que la obra del escritor peruano se limite únicamente a la crónica y descripción de lo sucedido y ampliamente conocido, a una pesquisa periodística minuciosa y exhaustiva que permite una reconstrucción fidedigna de los hechos. Más bien, el autor aprovecha el dato histórico como pretexto para crear una realidad literaria, incorporando elementos, creando personajes y situaciones que dinamizan la acción narrativa y componen una obra.

Mario Vargas Llosa es un escritor eminentemente urbano. La gran mayoría de su obra transcurre en ciudades de ambientes enrarecidos, sobre las que se cierne el cielo grisáceo. Cuando decide explorar parajes menos conocidos, la voz del narrador no esconde su extrañeza y desorientación frente a estos escenarios en los que se siente intruso y donde debe enfrentar diversas situaciones que no corresponden a su cotidianeidad (sucede en Lituma en los Andes o en Pantaleón y las visitadoras).

Parte de este detalle al momento de construir los personajes y las historias obedece a la casi obsesión de Vargas Llosa por asumir su actividad como un trabajo en el sentido más estricto del término. En varias ocasiones ha manifestado que tiene un horario estricto de ocho horas al día, que es metódico en la investigación y siempre está pensando en nuevos temas para escribir una novela. Este afán de perfeccionismo lo ha convertido en uno de los escritores más sobresalientes de nuestros tiempos.

Vargas Llosa ha obtenido una serie de galardones a lo largo de su vida. Tan solo le falta el Premio Nobel de Literatura, pero a pesar de ello es considerado como uno de los más grandes de la literatura hispanoamericana. Después de todo, la academia sueca también se olvidó de Borges.

Resumen:

Mario Vargas Llosa nació en Arequipa el años de 1936. Su infancia la transcurrió entre las ciudades de Bolivia, Piura y Lima.
A los dieciséis años, se estrenó como escritor escribiendo un drama “La huida del Inca” (1952). Ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos a estudiar literatura. Viajó a Europa donde trabajó en una radio francesa y fue maestro en un colegio de Londres.
Mario Vargas Llosa es un crítico literario y eso se refleja en sus ensayos como: “García Márquez: historia de un deicidio” y “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary” (1975).
En 1976, con José María Gutierrez, codirigió la versión cinematográfica de su novela Pantaleón y las visitadoras.
En 1977 fue nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la cátedra Simón Bolívar en Cambridge.
Impulsor del partido Frente Democrático, Mario Vargas Llosa, se presentó como cabeza de lista en las elecciones peruanas de 1990, en las que fue derrotado por Alberto Fujimori.
Mario Vargas Llosa obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el años de 1986, el Premio Planeta de 1993 por Lituma en los Andes y el Premio Cervantes en 1995. Desde 1984 es miembro de la Real Academia Española. En el diciembre del año 2010 recibió el Premio Nóbel de Literatura.

Principales obras de Mario Vargas Llosa

– Los jefes (1959); La ciudad y los perros (1962); La casa verde (1966); Los cachorros (1967);
– Conversación en la catedral (1969);Pantaleón y las visitadoras (1973);La tía Julia y el escribidor (1977); La guerra del fin del mundo (1981): ¿Quién mató a Palomino Moreno? (1986); Historia de Mayta (1984) y Elogio de la madastra (1988); Los cuadernos de don Rigoberto (1997); El sueño del celta (2010)

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